Por Pili.
-Así que… aquí es –dijo una voz detrás de mí. -Va a costar un poco, pero vamos a poder… ¿Verdad, Alice? –Emmett miró a Alice con ojos esperanzados. Mi hermana levantó el rostro, completamente lleno de felicidad.
-Claro que si. Va a ser divertido –ella se acercó a mí y me tomó de la mano, mientras apoyaba su mentón en mi hombro –Vamos Pi, todo va a estar bien.
“Todo va a estar bien”. Esas fueron las palabras que durante los cinco meses que llevamos aquí me alentaron a pensar que todavía las cosas se iban a poner mejor. Estábamos en el aeropuerto, acabábamos de llegar a Inglaterra, y yo ya empezaba a notar el cambio de estación, de clima… pero me gustaba. Mi hermano mayor, Emmett, tomó con un solo brazo los cuatro bolsos que Alice se había traído, y con el otro los dos míos, mientras que nosotras llevábamos los carritos llenos de valijas. Aunque todas las cosas ya estuvieran en nuestra futura casa, nos llevamos de Argentina todo lo que pudimos: no queríamos dejar nada que pudiéramos extrañar.
Al salir del aeropuerto vimos un auto importado muy lujoso, para mi gusto feo, que nos esperaba para llevarnos a nuestra nueva casa. Me dormí un largo rato, creo que unas tres horas.
El auto nos llevó hasta un pueblo llamado Carlisle, esos pequeños pueblos tranquilos que me hacían recordar al mío. Pero no era en la cuidad, sino un poco más alejado de ella, a unos pocos minutos de viaje.
Cuando me desperté, vi que Emmett se encontraba muy entusiasmado mientras hablaba con Alice y con el conductor. Ajena a la conversación, miraba por la ventanilla y admiraba el paisaje. Mi humor iba cambiando: sentía que de a poco me empezaba a gustar realmente ese lugar. Además mis hermanos parecían tan entusiasmados que no quise arruinarles el momento. Me uní a la conversación. Pronto el conductor nos indicó que miráramos a nuestra derecha, a la ruta. Como tres turistas desesperados para sacar una foto, giramos la cabeza, y nuestras mandíbulas se abrieron.
Detrás de los árboles se podía ver una mansión grande de color blanco y columnas negras: tenía dos balcones, y varias ventanas. El parque era asombrosamente grande pero vacío. Miré a Alice, quien parecía pensar lo mismo que yo, y no me sorprendió que tuviera en mente algo para rellenar ese vació casi imperfecto.
No sé cómo hizo el conductor pero dobló tan rápido que antes de que me diera cuenta, estábamos frente a la casa. Emmett se bajó del auto y sacó las valijas del baúl, Alice dio las gracias al chofer, y yo terminé de bajar los bolsos. Cuando cada uno recuperó sus cosas nos aproximamos a la puerta. Exactamente no sabíamos si golpear o esperar que alguien salga, pero cuando ya teníamos decidido qué íbamos a hacer, la puerta se abrió y una mujer de unos cuarenta de años nos dedicó una esplendida sonrisa, muy parecida a la de Alice.
-¡Mis sobrinos! –se acercó a nosotros y nos juntó a todos abrazándonos fuerte. Le devolvimos el abrazo con el mismo entusiasmo. –Vamos adentro, está empezando a refrescar… Me tomé el trabajo de acomodar sus habitaciones: sus padres me escribieron diciéndome cómo les gustaría su habitación a cada uno… Espero que haya acertado… si no, podrán cambiar –la tía Victoria siguió con su discurso. Realmente parecía la dueña de un hotel, mostrándonos las habitaciones y todas las comodidades que poseen o a que hora había que bajar para la cena. Se parecía mucho a mamá (después de todo era la hermana)… Nos llevó a la cocina, al comedor, a la sala de estar, a la biblioteca, y luego por el pasillo. Nos guió hacía su habitación para que la conozcamos. Había una pequeña sala que era su biblioteca personal, a la izquierda había una estantería con varias fotos. En ellas estaban mis primos, que se habían mudado a Alemania, mi difunto tío, mis padres, y nosotros tres cuando éramos chicos. Luego nos llevó por las escaleras de frío mármol al primer piso, se dirigió a la segunda puerta del lado izquierdo, sacó una llave, y la abrió. Esa tenía que ser la habitación de Emmett, al margen que todos sus muebles y sus pertenencias estuvieran allí, era su estilo de habitación.
-Es… sencillamente para mí – le dijo Emmett sonriéndole, quien se quedó allí, acomodando las cosas, mientras que Victoria nos seguía guiando por la casa. Al lado del cuarto de Emmet había un cuarto de juegos, que conectaba por adentro con su habitación, supuse, sabía que a él le iba a encantar.
-Alice, querida, tu habitación está en el segundo piso, toma la llave…Esta abre la habitación, y esta abre el balcón… Me temo que la llave del baño la tiene una de las mucamas, tendrás que pedírselas luego –mi melliza asintió con la cabeza y de un salto subió las escaleras de mármol que eran más pequeñas que las de la entrada. Solo quedábamos mi tía y yo. – Mi querida, me gustaría mostrarte tu habitación y la de tu hermana… pero me ha surgido algo. Tu habitación está en el tercer piso, toma la llave, esta es la del balcón, cuando vuelva vamos a poder hablar tranquilos –me dio un beso en la frente y bajó las escaleras rápido.
Respiré hondo, siempre me ayudaba, mantener la respiración y luego largarla y sentirme nuevamente bien, subí las últimas escaleras que quedaban, donde encontraría una puerta grande blanca media gastada. Respiré y entré.
…Cinco meses después…
-Basta Alice –le dije a mi melliza que brincaba de una forma imparable. Acabábamos de salir de la biblioteca, y mi hermana seguía molestando con lo de mi “salvador”. -No es mi amor, solo…- pero no pude continuar.
-Te salvó la vida ¿no? – contestó la pequeña con una sonrisita. Intenté no ruborizarme – escuché de que es extraordinariamente perfecto –pasó la vista a Kim que le guiñó un ojo
-¿Esto es un complot contra mí? Miren, no es mi amor, no pasó nada y no pasará –la conversación ya empezaba a cansarme. En otra ocasión, le hubiera dado la razón, pero el encuentro con Edward había sido diferente a todos los otros. Justo cuando Kim empezó a sacar el tema de la apuesta con Emmett, me dio un tiempo para pensar las cosas. Miré a mi alrededor como hacía siempre, inspeccionando el lugar. Me sentía un poco mareada pero no lo quería decir. Justo cuando Alice explicó porqué se había perdido una clase, Kim se quedo paralizada en el pasillo. Miré a mi amiga y luego miré lo que ella observaba.
-¿Kim, estás bien? –le pregunté, en el pasillo se acercaba exactamente la perdición de Kim.
-¡Hey! – gritó el chico de los cabellos dorados.
-¡Remus! – respondió Kim que había adoptado la misma expresión de embobamiento cuando yo había visto a Edward. Por un momento deseé que una mesa nos tapara para poder patear a mi amiga y decirle que cierre la boca, ya que estaba goteando el suelo de baba. -¿Qué… qué haces aquí? – pregunto Kim agarrando su mochila con más fuerza; Sirius se estaba acercando.
-¡Oh! ¡No otra vez Remus! – el chico se acerco con aire de suficiencia y nos miró -¿Qué andan haciendo, enanas? – poco me agradaba el hermano de Kim: era de esos tipos tremendamente guapos, pero que a mí me parecían desagradables. Alice me miró se reojo y pude entender de una sola ves lo que pretendía.
-Oye Sirius… - empezó Alice sacando su mejor sonrisa – Hay una chica que le encantaría conocerte… ya sabes… - Sirius la miro con recelo, pero luego se animó.
-¿Es amiga tuya? –preguntó, ocultando el interés.
-Si, si… Si quieres, te la puedo presentar ahora mismo… solo tienes que… acompañarme… - Alice lo arrastró de un brazo hasta el final del pasillo. Antes se dio media vuelta y me guiñó un ojo; no sabía que chica le presentaría pero había sido una excelente idea.
-Kim, nos vemos en la biblioteca, o en la clase de Allen – le toque el brazo a mi amiga y me fui, sabiendo que Kim me contaría todo con detalles y que Sirius asesinaría a mi hermana. Pero… ¿Qué importa? La vida es corta.
Mientras iba por el pasillo escuchando música con mi Ipod me pareció que una melena de pelo rubio pasaba por al lado mío. Sentí un escalofrío, que casi me cortó el aire. Era Rosalie. Se movía tan perfecta que daba envidia mirarla pasar, o ese era el efecto que provocó con las chicas que estaban a su lado. La rubia caminaba hacia la salida del instituto como un relámpago, pero en el trayecto se le cayó un papel. Supuse que tendría que levantarlo y llevárselo, así que me agaché con cuidado. Ese día me había puesto una pollera (según Emmett demasiada corta) sobre unas medias largas con unas botas negras, que me hacían caer más de lo normal a causa de un pequeño taco.
Me propuse ir hacía el prado, curiosamente perdí a la rubia de un manera muy patética. Hubiera podido alcanzarla si no hubiera tenido esas botas ridículas. Pase la parte de a tras de la escuela, ya que mi intuición me decía que la chica se había ido hacia esa parte. No me equivocaba. Cuando doble el paredón me encontré con los Cullen. Los mire. Me observaron. Y me quede perdida en sus ojos dorados, hasta que Emily me saco de mi estupidez atómica.
- Perdón Pilar, ¿Buscas algo? –me pregunto Emily con su voz sería, sabía que estaba interrumpiendo algo, supuse que esa era la justificación a su mirada de bronca.
- Eh… No, solo venía a darle este papel que se le cayo a Rosalie…- busque en mi morral el papel, pero luego me di cuenta de que lo tenía en la mano; sentía que mi cara se cubría de un color rojo tomate. – Toma, aquí esta… - se lo entregue, me di media vuelta y me fui lo más rápido que pude. Tuve esa sensación que murmuraban a mis espaldas.
A pesar de la espesa nieve que había en todos lados, me las ingenie para pasar todo el prado rápido, sin que mis botas quedaran muy húmedas. Sabía que si Alice las veía se burlaría de mi todo el día.
Pero mi cabeza estaba en otra parte de la Tierra. Sabía que la confianza era algo muy apreciada, difícil, y que solo se obtenía a través del tiempo, pero no lograba entender porque Emily tenía ese brillo de desconfianza en los ojos. Hacía solo horas que nos habíamos conocido, pero sospechaba algo.
Busque miles de hipótesis, miles de cosas, pero todo se distrajo cuando se me vino a la mente, que hubiera pensado Kim. Me había olvidado por completo de que la había dejado sola con Remus, esperé que haya aprovechado el tiempo, Sirius había caído tan bien en la trampa de Alice que me sentía orgullosa de mi hermana. Faltaba un rato para qué toque la campana, nos tocaba la clase de Allen, una clase que siempre voy a odiar y que el profesor no me animaba que cambie de pensamiento. Les presento mi monstruo interno: La Física.
Saque otra vez mi Ipod, y me acorde de los ojos de Edward.
No quería, no debía.
Pero había algo en sus ojos, algo que me inquietaba demasiado. No quería convertirme en una chica perseguida, tenía que cerrar ese pensamiento de cualquier forma posible. Cuando estaba atándome el pelo con una hebilla, porque ya los rulos se me estaban poniendo rebeldes, vi de reojo que los Cullen entraban por la misma puerta que había entrado minutos antes. Gire la cabeza y lo vi. Tenía los puños cerrados, su mirada era decidida, Emily iba a su lado, los otros dos los seguían por atrás.
Cuando Edward me miro, me volví a poner colorada, era muy patético que me vieran en esa posición. Agregándole el detalle que me paralice al verlo. Hizo una mueca de disgusto y giraron por otro salón.
Hizo una mueca. Seguro cortaron el camino por ese pasillo, para no pasar por delante de mí. Mi mente no dejaba de pensar en eso.
Empecé a caminar rápido, lejos de ese pasillo, mirando a todos lados, sentía como el sudor de los nervios bajaba por mi frente, camine tan rápido que me tropecé, como de costumbre, con una masa gigante haciéndome caer para a tras.
-¡hey! –Emmett me agarró con un brazo y sin hacer esfuerzo me levanto –Ja! ¿Cuándo será el día que no te tropieces con mis piernas? – Emmett empezó a reír con su típica carcajada- solo unos centímetros más Pi… - me abrazo por la cintura y me dio un beso en la frente. Luego se fue con sus amigos a las clases correspondientes, ya que la campana ya había sonado y de repente el tumulto de gente se aproximaba al pasillo.
-¡Pi! – Escuche- ¡PILAR! – Alice llego hasta mí y me agarro de un brazo – ¡estuve buscándote! Kim ya esta en el aula, esta en las nubes – Alice sonreía feliz y a mi me parecía que me iba a agarrar un ataque de pánico. – Funciono muy bien el plan Pi, Sirius se lo creyó y cuando estábamos saliendo le dije que su chica era la que estaba en el estacionamiento...pobre, la debe de seguir buscando. ¡Estoy tan contenta!- Alice no cabía de su emoción – Kim nos va a tener que contar todo con detalles…- Alice siguió hablando hasta que entramos al aula y ella se despidió, para cambiar de clase. Me senté con Lauren Taylor: iba a dejar que Emily se sentara con Kim. Tenía miedo que me bombardeara, sobre el motivo de mi aparición en el prado, o lo que era peor, que me clavara una de sus miradas. Kim estaba… en realidad no estaba, por lo menos no en la clase, seguramente estaba en Remuslandia, ya que tenía la boca ligeramente abierta y una expresión de felicidad interna que contagiaba.
Emily llego al aula, con sus pasos perfecto, miró el asiento vació de Kim que seguía mirando la nada, y se sentó con una delicadeza perfecta en la silla. Una dama inglesa, hubiera dicho mi madre.
No puedo negar que al verla, el corazón me dio un palpitar bastante ligero, sorpresivamente Emily no abrió el tema durante la hora. No abrió la boca en ningún momento de la clase; lo hizo una vez solo para pedirle a Kim que sea un poquito menos obvia. Tenía una expresión enfadada. Realmente no sabía que le pasaba, tampoco hablaba con nosotras, y yo no me quería arriesgar a sacarle cosas.
- ¿Resumen del día? – pregunto Emmett completamente relajado encima de mi cama
- Fue un poco especial, pero nada de otro mundo. – contesto Alice que tenía la cabeza arriba del vientre de Emmett.
- Completamente raro – conteste por último yo, que tenía mi cabeza apoyada arriba de las piernas de Alice- ¿y tu Emmett lo volviste a tocar a Jasper?- nos empezamos a reír mientras que Emmett se encogió de hombros y miro el techo;
- Ese chico, Jasper, es medio raro… intente hablarle después del almuerzo, teníamos Literatura… el chico es muy inteligente – hizo una mueca – entiende mis chistes mejor que los otros compañeros… – Largo una carcajada y sentimos que nos estábamos perdiendo un chiste privado, pero antes de preguntarle, Alice me miro.
- Yo no creo que sean raros… solo necesitan adaptarse, tengo esa sensación que cuando lo hagan, va a ser todo “normal” – las “sensaciones” se mi hermana, siempre eran ciertas, así que me mantuve con esa esperanza. Cuando Emmett y Alice bajaron a ayudar con la comida, me quede en mi habitación, deseaba llamar a Kim, después de todo no habíamos podido hablar sobre el tema de Remus. Antes puse algo de música y entone algunas canciones, sentía que desde que me había mudado, no había podido dedicarle tiempo siquiera al baile, sabía que Alice no me lo perdonaría.
Agarre el tubo del teléfono y marque el número de Kim. Hubiera seguido con ella hablando otras dos horas más, pero Emmett subió a mi habitación gritando que la comida se iba a enfriar, también agarro el teléfono y le dijo a Kim – “Vas a perder, con Emmett no se juega chiquita”.
Esa noche se me hizo eterna.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario